Abstract
Este artículo analiza las narrativas del control de la migración que reproducen cuatro migrantes de origen centroamericano en un albergue para migrantes en México. Las narrativas del control de la migración se refieren al constreñimiento de la movilidad humana y señalan la expansión de una frontera arterial; una estrategia de control migratorio a través de retenes en diferentes puntos de la carretera y de la solicitud de documentos de identidad en estaciones de autobuses. Las narrativas de los participantes arrojan luz sobre cómo una frontera arterial se entrelaza con una política migratoria transnacional para buscar detener la llegada de migrantes indocumentados a la frontera sur de los Estados Unidos. Este artículo contribuye a estudios actuales de sociolingüística y narrativa en contextos de movilidad humana que enfrenta hostilidad y políticas de control a nivel global al arrojar luz sobre mecanismos de vigilancia de la migración centroamericana por México hacia Estados Unidos.
Abstract
This article analyses narratives of migration control reproduced by four central American migrants staying in a migrant shelter in Mexico. Narratives of migration control refer to constraints to human mobility and point to the spread of an arterial border; a migration control strategy through checkpoints on the road and ID requirements in coach stations. The participants’ narratives shed light on how an arterial border intertwines with a transnational migration policy that seeks to stop undocumented migrants from reaching the US south border. This article contributes to current sociolinguistic and narrative studies in contexts of human mobility that faces hostility and control policies globally by shedding light on surveillance mechanisms on Central American migration through Mexico to the United States.
1 Introducción
El control de los flujos de migración ha puesto de relieve la cooperación entre países del llamado norte y del sur global. Un claro ejemplo lo proporciona Italia que, desde el año 2000, ha firmado acuerdos con Libia para que este último detenga flujos migratorios antes de que lleguen a Europa (cfr. Collett y Fratzke 2018; Pacciardi y Berndtsson 2022). Otros países como los Estados Unidos establecieron “oficinas de movilidad segura” en países como Guatemala, Ecuador y Colombia. En este último, solo personas de Cuba, Haití y Venezuela pueden solicitar refugio a los Estados Unidos si entraron a Colombia ya sea antes del 11 de junio de 2023 o ese mismo día (OIM 2024). En México, muchas personas provenientes de Centroamérica se han enfrentado a un Régimen de Control de Tránsito (RCTM). Este último ha estado operando desde el año 2001 cuando se firma el Plan para la Cooperación y Seguridad Fronteriza entre México y los Estados Unidos como un sistema que pretende interceptar, detener y disuadir a los migrantes que se encuentran en tránsito hacia la unión americana (Campos Delgado 2018). Desde entonces hasta el año 2016, las autoridades mexicanas habían detenido a 2,205,198 migrantes (Campos Delgado 2018). El 91 % de la población interceptada por las autoridades mexicanas está conformado por personas originarias de El Salvador, Honduras y Guatemala (Campos Delgado 2021). A finales del año 2018, la llegada de las llamadas caravanas migrantes fue recibida con una serie de mecanismos de control a nivel transnacional. Cuando la primera administración del presidente estadunidense Trump amenazó con imponer aranceles a las importaciones de México para que el gobierno mexicano detuviera los flujos migratorios de Centroamérica, el gobierno mexicano reforzó su vigilancia en sus fronteras del sur y del norte al mismo tiempo que dispuso que las personas mostraran una identificación oficial para poder comprar un boleto en las estaciones de autobuses en México (cfr. Proceso 2019a; Ramos 2021).
En este contexto este artículo analiza las narrativas del control de la migración que reproducen cuatro migrantes de origen centroamericano con estatus migratorio indocumentado. Ellos relatan su temor de ser deportados, así como sus experiencias de detención por autoridades locales aun cuando se encuentran solicitando el reconocimiento de la condición de refugiado. Dicho reconocimiento no es un medio de regularización migratoria pero sí otorga el derecho de tener la Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias (TVRH) que permite regularizar el estatus migratorio y obtener un trabajo (COMAR 2022; Torre Cantalapiedra 2022). Así mismo, los participantes señalan la dificultad de comprar un boleto de autobús en su recorrido por México. Bajo esta luz, las narrativas de control de la migración, por un lado, se refieren al constreñimiento de la movilidad geográfica de las personas. Por otro lado, ponen en evidencia una frontera arterial. Esta última se refiere a la aplicación de una estrategia de control migratorio a través de retenes en diferentes puntos del camino por parte de las autoridades (Vogt 2017) cuya vigilancia se ha extendido a las estaciones de autobuses donde se solicita un documento de identidad a los usuarios que deseen comprar un boleto de viaje (cfr. Proceso 2019a). Enfocarse en las experiencias que discursivamente reconstruyen los participantes nos permite enlazar el nivel micro de su producción con estructuras políticas a un nivel macro dado que el evento narrativo no se encuentra aislado de un ambiente sociocultural y político con el que dialógicamente se construye (cfr. De Fina 2020).
Este artículo contribuye a estudios actuales de sociolingüística y narrativa en contextos de movilidad humana (Blommaert 2010; De Fina y Mazzaferro 2022; Patiño Santos 2020; Relaño Pastor 2014) que enfrenta hostilidad (Berg 2019) y políticas de control a nivel global (Bello 2020; Campos Delgado 2021; Pacciardi y Berndtsson 2022) al arrojar luz sobre los mecanismos de vigilancia de la migración por México hacia Estados Unidos. Por lo tanto, la pregunta principal que guía este trabajo es: ¿hasta qué punto las narrativas de los participantes indexan la expansión de las estrategias de control de la migración por México? A continuación, este artículo ofrece una contextualización de la migración centroamericana por México antes de presentar los conceptos centrales que guían el análisis. De manera subsecuente, se da paso a la descripción de los métodos y su justificación para registrar la información que incluye este trabajo. La sección del análisis se concentra en los recuentos de cuatro participantes cuyas voces se incluyen para comprender sus experiencias de (in)movilidad en México y que, a su vez, anteceden a la discusión concluyente de este estudio.
2 Contexto de la migración de Centro América por México hacia los Estados Unidos
La migración de Centro América por México hacia los Estados Unidos puede ubicarse en un momento de inestabilidad política. En la década de 1980, grupos armados, que fueron militarmente capacitados por los Estados Unidos, intentaban socavar las bases de movimientos de resistencia contra la explotación de petróleo y despojo de tierras por parte de compañías transnacionales en el Salvador y Guatemala. Esto derivó en la masacre de amplios sectores de la sociedad civil y en la emigración de sus lugares de origen (Menjívar y Nestor 2005; París Pombo 2017). Se estima que 200 000 personas de Guatemala salieron hacia Belice, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, México y los Estados Unidos entre 1982 y 1983 (Molina 1999; Paris Pombo 2017) mientras que 2000 refugiados de El Salvador se encontraban en Honduras en 1982 (Torres Rivas y Jiménez 1985). En México, había alrededor de 500 000 personas de origen salvadoreño quienes, en su mayoría, se dirigían a los Estados Unidos y Canadá en 1984 (García 2006).
Otros factores de expulsión relacionados con las políticas de deportación de los Estados Unidos, así como los desastres naturales han forzado a muchas personas de Centro América a emigrar. Por ejemplo, personas de El Salvador, Guatemala y Honduras han estado lidiando con la presencia de grupos criminales conocidos como “maras” que comenzaron a ganar territorio e infringir violencia y “reclutamiento forzado” sobre las poblaciones locales (Bailey 2014: 125). Las poblaciones jóvenes han tenido que emigrar de sus sociedades de origen para escapar el reclutamiento forzado mientras que pequeños empresarios han tenido que cerrar sus negocios debido a la extorsión y al pago de derecho de piso (París Pombo 2017). Otros factores tales como el Huracán Mitch que azotó Honduras en 1988, desplazaron a cerca de 1.5 millones de personas, miles de los cuales perdieron su trabajo (Reichman 2013). En el año 2005, un estimado de 418, 000 personas de Centro América cruzaron México mientras que cerca de 392, 000 personas de la misma región atravesaron el país en el 2014 cuando se empezó a documentar una mayor presencia de menores no acompañados (París Pombo 2017).
A finales del año 2018, muchas personas originarias de Centroamérica recurrieron a una estrategia colectiva que les permitiera cruzar México y llegar a la frontera sur de los Estados Unidos. Se organizaron en caravanas migrantes como una forma de protegerse de los peligros que enfrentan al cruzar México (Contreras Delgado et al. 2021). La primera caravana migrante comenzó en Honduras. Estaba conformada por familias, adultos, adolescentes quienes tenían diversas motivaciones por las que salían de su país; “movimientos de población complejos que incluyen a refugiados, solicitantes de asilo, migrantes ‘económicos’ y de otros tipos” (Gandini 2020: 57). Conforme la caravana migrante avanzaba por México, otros grupos de personas de Centroamérica se unieron a ella incrementando su número (Varela y McLean 2019: 169). Se estima que cerca de 7, 000 personas lograron llegar a la ciudad fronteriza de Tijuana donde recibieron apoyo de varios sectores de la sociedad civil a pesar de encontrar actitudes xenófobas (Hernández López 2021; Mena Iturralde y Cruz-Piñeiro 2021). Cabe mencionar que la migración en caravana es un tipo de migración que no reemplaza los flujos migratorios por otros medios tales como el uso del tren de carga, La Bestia, y no llega al 10 % de las cerca de 500,000 personas que se calcula que anualmente cruzan el país (cfr. Varela y McLean 2019).
Los esfuerzos colectivos de los migrantes para cruzar México, no obstante, se han enfrentado con políticas que responden a intereses económicos internacionales. Si bien, el gobierno de México inicialmente adoptó una actitud humanitaria hacia la migración al proporcionar visas, el gobierno del expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, implementó la Política de Protocolo de la Migración (MPP por sus siglas en inglés) con la que categorizó a México como un tercer país seguro de facto. Dicha política, también conocida como “Quédate en México”, fue puesta en vigor de enero de 2019 a enero de 2021 lo que resultó en que aquellas personas que solicitaban asilo en los Estados Unidos esperaran en México la resolución de sus audiencias de asilo (Ortega Velázquez 2023). En junio de 2019, el gobierno estadunidense amenazó con imponer aranceles a las importaciones de México si el gobierno de este último país no detenía los flujos de migración (cfr. Chishti y Bolter 2021). Como respuesta, el gobierno mexicano desplegó en ambas fronteras un total de 25, 451 elementos de la Guardia Nacional para contener la migración indocumentada (Hernández López 2020; Villafuerte Solís 2020). Lo anterior coincidió con la disposición del gobierno federal de pedir a las compañías de autobuses de pasajeros que solicitaran a los usuarios un documento de identidad oficial. Este último era un requisito para comprar un boleto de autobús y podría ser una identificación para votar, visa o pasaporte que demostrara su residencia legal en el país (Chishti y Bolter 2021; Proceso 2019a). El efecto de estas acciones se ha comprobado en la reducción de los flujos migratorios hacia la frontera entre México y Estados Unidos al registrar alrededor de 30,000 detenciones por autoridades mexicanas en junio de 2019 (Chishti y Bolter 2021). En noviembre de 2019, alrededor de 151 547 personas habían sido detenidas mientras que 115 237 habían sido deportadas.
Lo anterior debe situarse históricamente dado que estas estrategias de vigilancia no son estrictamente nuevas. Si bien México comenzó a funcionar como un país frontera después de la firma del tratado de Libre Comercio (TLCAN) con los Estados Unidos a inicios de 1990 (Ortega Velázquez 2023), otras políticas tales como la Iniciativa Mérida en el año 2007 y posteriormente el Plan Frontera Sur en el año 2014 han reforzado las prácticas de intercepción y detención de migrantes. Aunque la Iniciativa Mérida era originalmente un programa de ayuda de parte de los Estados Unidos para combatir el crimen organizado y el tráfico de drogas a través de trabajos conjuntos de inteligencia y aplicación de la ley en la frontera sur de México, derivó en una vigilancia más estricta de la migración. Por ejemplo, el Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos destinó “50 millones” de dólares al gobierno mexicano para adquirir equipo de visión nocturna, sensores marítimos y lanchas de patrullaje en el año 2011 (París Pombo 2017: 100). En el año 2014, el financiamiento para la tecnología de seguridad migratoria fue de 112 millones de dólares bajo la misma iniciativa (París Pombo 2017). En cuanto al Plan Frontera Sur, este último fue originalmente presentado como un programa para protección de los migrantes. Sin embargo, se transformó en la persecución y detección de migrantes al establecer retenes en rutas de migración y al detener a los migrantes que viajaban en trenes de carga (Araiza et al. 2019).
Recientemente, México ha pasado de ser un país de tránsito a uno de asilo para muchos migrantes centroamericanos. Entre 2019 y 2022, México recibió más de 360,000 solicitudes de asilo de personas de Honduras, Haití, Cuba, Venezuela, El Salvador y Guatemala entre otras (Lepri 2023). Lo anterior, en gran medida, se debe al endurecimiento de las políticas migratorias estadunidenses, así como a las riesgos y dificultades económicas de los migrantes en su camino hacia el norte (Lepri 2023). No obstante, los tiempos para la realización del trámite de asilo pueden prolongarse de meses a años (París Pombo 2020) por lo que puede haber un abandono del proceso (Rojas Wiesner 2023). De esta manera, la espera de una resolución del estatus migratorio está atravesada por las posibilidades de la deportación, la ansiedad causada por la incertidumbre y la xenofobia que muchos migrantes enfrentan en diversos puntos del país (cfr. Faret 2018).
Hay que destacar que la actual política migratoria de México interactúa con la agenda migratoria del gobierno estadunidense. Este último ha estado promoviendo el uso de CBPHome; una aplicación dirigida a personas con estatus migratorio indocumentado que les condona cualquier multa por presencia “ilegal” con un bono de $1, 000.00 dólares para autodeportarse (Department of Homeland Security 2025). Si bien se reporta que pocas personas han respondido a esta estrategia (Chishti y Putzel-Cavanaugh 2025), el gobierno estadunidense ha deportado a México más de 6, 525 personas pertenecientes a un tercer país durante la segunda administración del presidente Trump (WOLA 2025). Entre las nacionalidades que más destacan, figuran personas provenientes de Venezuela, Nicaragua, Haití, El Salvador, Cuba, Honduras y Guatemala (Nanjari 2025). Las personas que son deportadas a México, a menudo, son trasladadas a la frontera sur en Chiapas donde pueden solicitar refugio. Este último, a menudo, llega a ser un proceso demorado que ha motivado la salida de caravanas que se dirigen a Ciudad de México. Sin embargo, las autoridades estatales han disgregado o contenido a la mayoría de las dieciséis caravanas que han salido desde octubre de 2024 entre los estados de Chiapas y Oaxaca al ofrecerles traslados en autobús a otras ciudades del sur de México (cfr. Clemente 2025).
3 Conceptos centrales
Una de las maneras de acercarnos a las experiencias de los migrantes centroamericanos en su tránsito por México es la narrativa. Esta última se entiende como una práctica social que constituye la vida diaria de la persona y que, discursiva y semióticamente, establece relaciones con una variedad de contextos a diferentes escalas sociales (De Fina 2020: 66). Concebir la narrativa como una práctica social implica establecer una relación dialógica con un tipo de actividad en una ubicación temporal y espacial (Fairclough 2000); una acción social situada (De Fina 2017). Es decir, una práctica social nos permite situar la experiencia y captar la agencia de diferentes grupos de actores sociales en relación con estructuras sociales y políticas mayores que transforman pero que también influyen en sus prácticas y comportamientos (De Fina et al. 2021). Nos acerca a los roles agentivos de los narradores tanto en el mundo de la historia como en el mundo de una manera más amplia (De Fina 2016), a las diferentes acciones humanas que son parte de la vida diaria en la que participan las personas (Freeman 2015; Relaño Pastor 2014).
Las diferentes experiencias que relata un grupo diverso de actores sociales como los migrantes nos permiten comprender las narrativas del control de la migración. Como lo mencioné anteriormente, estas últimas se refieren al constreñimiento de la movilidad de las personas que se encuentran bajo vigilancia aun cuando están solicitando el reconocimiento de la condición de refugiado en México. Una geografía de contención hacia el norte global. Los recuentos de los mismos actores sociales que expresan el temor de ser detenidos y deportados indexan las estrategias y las políticas que los gobiernos, a un nivel transnacional, emplean para identificar, disuadir, detener, regular o redireccionar las trayectorias de los migrantes en un país de tránsito (Campos Delgado 2018).
La movilidad de las personas migrantes es un aspecto central en el actual contexto de la investigación. La movilidad se refiere a la reubicación geográfica de las personas quienes buscan mejores oportunidades de vida fuera de su país de origen (de Haas et al. 2020). La movilidad, no obstante, no ocurre en ningún vacío ni es absolutamente libre. La movilidad se realiza dentro de estructuras estatales; regímenes de movilidad que ponen de relieve el papel de los estados y de los cambios administrativos de vigilancia internacional y regulatoria que afectan la movilidad individual (Glick-Schiller y Salazar 2013). Así mismo, la movilidad no es ni unilineal ni de corta duración. Es decir, puede ser retrasada en países de tránsito como México donde los migrantes intentan conseguir empleo, permanecer en otros albergues donde reciban ayuda y atención médica al mismo tiempo que circundan retenes a lo largo de su camino (cfr. París Pombo 2017). Las prácticas de movilidad se forman por la realidad material del orden (trans) nacional de las cosas (Dzenovska 2013). Por lo tanto, poner atención a las distintas trayectorias de movilidad que desarrollan las personas nos permite comprender cómo transforman su vida y los lugares que habitan (Salazar y Smart 2011).
Vivimos en un mundo de fronteras que hacen de la movilidad su centro de atención (Chalfin 2008). Dicho de otra manera, los migrantes encuentran fronteras arteriales (Vogt 2017). Como lo he señalado, estas últimas se refieren tanto a la aplicación de una estrategia de migración en la que las autoridades mexicanas establecen retenes al interior del país (Vogt 2017, 2019) como a la reconfiguración del funcionamiento de las estaciones de autobuses donde se solicita una identificación oficial tal como un pasaporte, visa o credencial de elector (cfr. Ramos 2021). Una frontera arterial se manifiesta a través del poder en el sentido de que la movilidad multidireccional fluida puede encontrarse contenida a lo largo de las rutas que los migrantes recorren o a las que son forzados a transitar (Vogt 2017). De esta manera, la frontera arterial se concibe como un espacio para examinar cómo se ponen en práctica límites fronterizos a través de una combinación dinámica entre infraestructuras materiales, encuentros con autoridades (Kaiser 2012; Parker y Vaughan-Williams 2012; Vogt 2017) y, como lo sugiere el recuento de uno de los participantes, personal de las compañías de autobuses.
4 Metodología
La información que constituye este trabajo se deriva de una investigación mayor que fue realizada en un albergue para migrantes en la parte central de México. Comprende un trabajo de campo de 7 meses dividido en dos etapas. La primera se desarrolló en el periodo de octubre de 2019 a marzo de 2020 cuando el COVID-19 forzó a muchos de nosotros al confinamiento. La investigación se retomó y concluyó en junio de 2022. Se escogió el albergue para migrantes con la intención de comprender cómo funcionaba y se organizaba en un contexto en el que se ha puesto mucha atención a ciudades fronterizas tanto en el norte como en el sur de México (cfr. Rosales Cervantes 2024). Realicé visitas semanales que me condujeron a desarrollar un rol de voluntario al conseguir ropa, calzado y alimentos no perecederos para quienes ocupaban el albergue. Esto me permitió desarrollar una mayor presencia, familiaridad y confianza, principalmente con los participantes del estudio con quienes también interactuaba en un parque cercano al albergue o en las calles donde solicitaban dinero.
El albergue para migrantes funcionaba como un taller mecánico en un espacio dividido en dos partes. En la primera parte se encontraban 14 literas en fila bajo un techo de lámina que cubría la mitad de ese mismo espacio. Había un baño y una regadera para las más de 70 personas, hombres, mujeres, niños, niñas y familias que se alojaban en el albergue. En la segunda parte se encontraban los autos en reparación además de dos camionetas y una combi desmanteladas en la que una de las familias pasaba la noche. Las condiciones del albergue eran precarias y, debido a las bajas temperaturas del lugar donde se encuentra, era frecuente encontrar casos de enfermedades respiratorias que en ocasiones requerían atención médica. Esta última a menudo era proporcionada por otros voluntarios en el albergue que junto con otras personas también ofrecían orientación y apoyo sobre el proceso de regularización migratoria. Un sitio como el albergue para migrantes también puede llegar a funcionar como un lugar de descanso y de reflexión. Después de haber circundado retenes en diferentes puntos de su camino hacia la frontera norte de México, las personas pueden ofrecer una descripción social y políticamente valiosa de los obstáculos, dificultades y mecanismos que podrían restringir su movilidad.
La información que nos permite comprender las experiencias de los 4 participantes que incluye este estudio fue recopilada a través de notas de campo y de entrevistas de historias de vida en el albergue para migrantes. Las notas de campo fueron copiosas al registrar mis observaciones en contexto, pero fueron subsecuentemente tematizadas y seleccionadas en relación con las experiencias de (in)movilidad que se tocaron en las entrevistas de historias de vida. Así mismo, las notas de campo permitieron registrar mis conversaciones informales con los participantes del estudio. Las conversaciones informales resaltan la importancia de un lenguaje que podría no parecer importante al poner de relieve formas clave del empleo del lenguaje que tiene la capacidad de crear, mantener o corregir relaciones y estructuras sociales (Blommaert y Varis 2015). Los participantes cuentan y hablan de su realidad en el aquí y en el ahora; lo dicen tal como lo es (Hammersley y Atkinson 2007) dentro de una realidad social (Del Percio 2024). En este sentido, las notas de campo se pueden concebir como evidencia de investigación en la que intentamos explicar eventos, categorías y conceptos; nos acercan tanto al “estar allí” como a las relaciones sociales en campo que construimos (Geertz 1988: 39). Así mismo, la instrumentalidad de las notas de campo se pone de relieve al permitirnos registrar información invaluable en un contexto como el de la migración tanto en México como en otros países en el que algunos eventos no podrían captarse de otra manera (cfr. Blommaert 2018; Heller 2008). Por ejemplo, Khan y Blackledge (2017) resaltan la importancia del lenguaje en el contexto de ceremonias de ciudadanía en Inglaterra donde, a través de notas campo, describen cómo los funcionarios de migración miran fijamente los labios de los y las solicitantes de ciudadanía mientras juran lealtad a la corona británica. En un contexto altamente regulado, las notas de campo permiten captar las consecuencias sociopolíticas para las personas que intentan llegar a ser británicas. Así, las notas de campo son un proceso epistémico al permitirnos contar tanto una historia (Blommaert y Jie 2010) como dar cuenta de las interacciones y experiencias sociales de una manera contextualizada (cfr. Barakos 2022).
En cuanto a las historias de vida, estas se refieren a un recuento biográfico de parte de una persona. Consisten en todas las historias y unidades del discurso asociadas tales como las explicaciones y las crónicas, así como las interconexiones entre ellas (Linde 1993). Se eligieron las historias de vida como una herramienta metodológica que nos ayuda a captar parte de la trayectoria migratoria de un individuo al contarlas in situ. En este sentido, las historias de vida de los participantes pueden conjugarse con la indagación narrativa. Esta última se ha concebido de distintas maneras; por ejemplo, la narrativa como texto (Bal 1985; Georgakopoulou 2015), la narrativa como texto y estructura (Labov y Waletsky 1967), narrativa e interacción (Sacks 1992), las cuales se han enfocado en una estructura interna, en las relaciones entre un narrador y un oyente que coconstruyen, negocian o resisten la circulación de una narrativa respectivamente (cfr. Briggs y Mantini-Briggs 2003; De Fina y Georgakopoulou 2012). En este trabajo, la indagación narrativa se entiende como el estudio de las experiencias de las personas a través de historias que pueden comprender un recuento de una parte o de la totalidad de su vida (De Fina 2015; Freeman 2015; Patiño Santos 2020); historias que arrojan luz sobre procesos sociales y generan explicaciones del porqué las personas hacen lo que hacen y piensan lo que piensan (Heller 2008). El enfoque es en el contenido de lo que cuentan las personas sobre sus experiencias diarias asociadas a un contexto sociocultural (cfr. De Fina y Georgakopoulou 2012; De Fina et al. 2021) dado que permite explicar una parte o la totalidad de una historia, así como reconstruir un fragmento de ella. Un caso ilustrativo es la experiencia migratoria que narran los participantes y a la que el propio investigador ha contribuido a co-construir con su presencia, preguntas y subjetividad.
El estudio de la narrativa no ha estado libre de críticas. Algunos autores arguyen que la narrativa no ofrece generalizaciones y que es una colección de historias que carecen de objetividad en su análisis (cfr. Ellingson 2009; Maynes et al. 2012). Otros arguyen que se trata del “yo” que intenta universalizar la experiencia (Strawson 2004) y que llega a perder de vista el contexto (cfr. De Fina y Georgakopoulou 2012). Ciertamente, este trabajo no supone que las historias de las personas son un reflejo directo, universal y factual de sus experiencias y realidades sociales sino una acción discursiva que, en retrospectiva, (re)construye un fragmento de sus vidas (Freeman 2015). Si bien la narrativa es una representación subjetiva, nos acerca a la manera en que una persona le da sentido a su experiencia con los sistemas y las instituciones sociales en un ambiente sociocultural específico (Freeman 2015; Plummer 2001).
Cabe mencionar que se obtuvo el consentimiento del director del albergue, así como de los participantes para hacer la investigación. Originalmente más de 15 personas fueron invitadas a participar en el estudio. Sin embargo, obtener información a través de entrevistas no fue posible en todos los casos debido a la pandemia provocada por el COVID-19 que interrumpió la investigación. Otro factor que afectó la disposición de posibles participantes fue la presencia de los medios de comunicación en el albergue. En mis observaciones, varias personas incluso salían a un parque cercano para evitar a los periodistas que querían entrevistarlas.
5 Análisis
Esta sección se enfoca en las narrativas de cuatro migrantes de origen centroamericano. Los seudónimos de los participantes son Carlos y Héctor de Honduras, Raúl de Guatemala y Arturo de El Salvador. A excepción de Héctor que había estado en México durante un mes, el resto había vivido dos meses en el albergue al momento de la investigación. Sus historias se incluyen en este trabajo porque nos permiten comprender la manera en que se han extendido las fronteras arteriales al expresar tanto su temor de ser deportados mientras ellos solicitaban la condición de refugiado como las dificultades para comprar boletos en las estaciones de autobuses. Cabe mencionar que solicitar la condición de refugiado protege a las personas de cualquier intento de detención por parte de las autoridades (COMAR 2022). Como lo mencioné anteriormente, las historias de los participantes son representaciones discursivas de sus experiencias y conocimientos personales sobre la manera transnacional de controlar la migración.
5.1 Obstáculos burocráticos
Carlos: “Ya después de tener el documento, ya con eso me voy pa’l norte”
Carlos es un joven de 26 años de origen hondureño que concluyó la educación básica en su país. De este último, él emigró debido a la violencia inminente con la que lidiaba en su trabajo como militar. Él contaba que, a menudo, su familia también recibía amenazas de muerte de parte de grupos criminales. En el albergue, Carlos había recibido orientación para solicitar la condición de refugiado. El trámite lo realizaba en las oficinas de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) ubicadas en la ciudad de México a donde tenía que trasladarse en autobús y que se ubica a 67 kilómetros del albergue aproximadamente. Como una manera de generar un ingreso para comprar el boleto de autobús y atender gastos diarios, Carlos tejía atrapasueños que él y otros compañeros vendían en las calles. Carlos relataba que había encontrado varios problemas para trasladarse de un lugar a otro. Estuvo cerca de ser extorsionado por una persona cuando iba a comprar un boleto de autobús a la ciudad de México: “a una persona que le pedí de favor que me comprara un boleto, me quería cobrar 500 pesos el loco” cuando el boleto costaba 90 pesos mexicanos. Si bien Carlos deseaba llegar a los Estados Unidos donde aspiraba conseguir un buen trabajo, su deseo estaba regulado tanto por la obtención de la condición de refugiado que le permitiera posteriormente regularizar su estatus migratorio como por un ambiente de vigilancia que él percibía sobre los migrantes:
Extracto 1: “ahorita no me arriesgo a salir o a tomar el bus”
Ya después de tener el documento ya con eso me voy pa’l norte pero ahorita no me arriesgo a salir o a tomar el bus pues sino me agarran y ya no puedo terminar la solicitud y luego voy de regreso
En su relato, Carlos destaca su agencia al construirse discursivamente como una persona que planea su movilidad dentro de un proceso burocrático tal como el trámite de regularización migratoria. No obstante, su decisión de no salir del albergue pone de manifiesto estructuras de poder que constriñen su movilidad (Fairclough 2000) al manifestar su miedo a la deportación a través de la desconfianza en los oficiales de policía que encontraba en las calles. Lo anterior se hace evidente a través de la elección léxica “ahorita”, la cual funciona como un índice de un momento histórico de su realidad en la que enmarca sus decisiones y comportamientos que a su vez justifica con la conjunción “pues”, debido a una amenaza percibida que atenta contra aquello que está en juego en su vida; permanecer en el país para continuar su trayectoria a los Estados Unidos. De hecho, su movilidad estaba limitada entre el albergue, un parque y calle cercanos donde podía vender los atrapasueños como lo pude observar. Su temor nos recuerda el “sentido de deportabilidad”; un sentido palpable y la posibilidad de la deportación, la posibilidad de la remoción del espacio del Estado-Nación (De Genova 2002: 439). La deportación latente que figura como una amenaza que llega a generar ansiedad, incertidumbre y depresión, así como un aislamiento social causado por un acto de vigilancia punitiva que disciplina cómo viven las personas su día a día (cfr. De Genova 2016). De manera más concreta, su recuento, por un lado, indexa el control de la migración en el que lo burocrático extiende su estancia en México y posterga su movilidad. La solicitud de la condición de refugiado puede llegar a ser un proceso que dure de 45 a 100 días después de los cuales, como lo sugerí anteriormente, puede una persona solicitar la Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias que le permita trabajar y moverse a otras regiones del país (COMAR 2022). Por otro lado, lo burocrático se entrelaza con el riesgo de la deportación. De acuerdo con Carlos, el trámite que realizaba no le garantizaba su permanencia en el país. Es decir, la narrativa de Carlos evidencia la manera en que los retenes configuran espacios de control que limitan la autonomía migratoria al señalar una posible detención de parte de las autoridades que podrían frustrar sus planes de llegar a los Estados Unidos. Su recuento señala una manera en la que la movilidad puede ser regulada y constreñida por las autoridades como también lo relata Raúl.
5.2 Vigilancia y controles de movilidad
Raúl: “el camión lo paran los de la policía”
Raúl es un migrante de origen guatemalteco que tenía 25 años al momento de la investigación. Sin contar con una red de apoyo o algún contacto tanto en México como en los Estados Unidos, Raúl salió de su país de origen por la falta de empleo y la violencia que enfrentaba en su comunidad. Concluyó la educación básica y trabajaba en el cultivo de café en un terreno del que se adueñaron grupos criminales que pretendían usarlo para el cultivo y comercio ilegal de mariguana para el cual se rehusó a trabajar. Entre las varias actividades que Raúl realizaba en México para obtener un ingreso, estaban las clases de zumba que algunos conocidos a veces le permitían dar en una colonia cercana al albergue. Aquí, Raúl llevaba dos meses alojándose durante los cuales también elaboraba atrapasueños con Carlos para venderlos en las calles y a algunas personas que se los pedían.
En nuestras conversaciones, Raúl se refiere a su experiencia de solicitud de condición de refugiado como lenta y también difícil debido a lo que puede suceder en el trayecto a las oficinas de COMAR ubicadas en la ciudad de México:
Extracto 2: “les habían dicho que ahí iban unos migrantes”
El otro día otros y yo íbamos a las oficinas de COMAR en México con Don Mario (pseudónimo) y ya cuando íbamos en el camión lo paran los de la policía que venían con los de migración porque les habían dicho que ahí iban unos migrantes, pero ahora sí, como decimos en nuestro país ‘se picaron los ojos’ porque no nos pudieron bajar porque Don Mario, que es el que nos ayuda, les mostró unos documentos que dicen que estamos en trámite y ya nos dejaron ir y yo ya me sentí más tranquilo
De la misma manera que Carlos, Raúl contó su experiencia mientras tejía un atrapasueños para colocarlo con otros en un tubo de plástico que usaba para llevarlos a las calles e intentar venderlos por 50 pesos a automovilistas y transeúntes (ver Imagen 1). De acuerdo con su historia, usar el autobús puede llevar a una detención. Raúl se refiere a la intercepción del autobús por parte de la policía y agentes de migración a quienes le mostraron una constancia que entrega la COMAR al iniciar la solicitud de condición de refugiado y que protege a las personas de no ser devueltas a su país de origen (COMAR 2022). Conforme Raúl avanza en su recuento, él produce el enunciado “les habían dicho que ahí iban unos migrantes”, el cual adquiere relevancia política en una escala local y social. En la primera escala, Raúl, de manera indirecta, da voz a los agentes de migración con quienes relata haber tenido el encuentro en el autobús. En la escala social, su enunciado nos acerca a una realidad situada dentro de una estructura política local dado que indexa los acuerdos firmados por las compañías de autobuses que acordaron informar a las autoridades estatales de la presencia de migrantes indocumentados (cfr. Ramos 2021). En este sentido, la narración de Raúl trasciende la experiencia a nivel personal al entrelazarse con un nivel más amplio; un encuentro con las autoridades que, a través de una estrategia recurrente (París Pombo 2017), pretenden interceptar y detener a los migrantes después de abordar el autobús. Por lo tanto, la experiencia que recrea Raúl, por un lado, señala su agencia al tener la capacidad de poseer y usar la solicitud de condición de refugiado para superar las estrategias de control generadas por el estado. Dicho de otra manera, es un acto que genera resistencia que se pone de manifiesto en “no nos pudieron bajar” y que desafía el poder y la atribución de roles pasivos de los sujetos (cfr. Fairclough 2000). Al mismo tiempo, su recuento indica tensiones con lo burocrático al demostrar que la trayectoria que emprenden las personas le da forma no solo a sus vidas sino a los lugares que cruzan (Salazar y Smart 2011).

Atrapasueños hechos por Carlos y Raúl (fotografía tomada por el autor).
Por otro lado, el recuento de Raúl indexa una frontera arterial que se manifiesta en las prácticas de vigilancia de las autoridades estatales como parte de las infraestructuras de control (Kaiser 2012) que se extienden no solo en ciudades fronterizas sino en la parte central del país. Dichas prácticas, a su vez, no solo exacerban un sentido de deportabilidad que se manifiesta en el nerviosismo que implícitamente reconoce Raúl al concluir su relato, sino que evidencia una situación desigual de poder. Es decir, esta parte de su recuento señala roles y figuras de autoridad que condicionan, mas no determinan, el comportamiento y sentir de Raúl. De esta manera, la interacción con autoridades que él relata pone de relieve las posibles consecuencias de la vigilancia estatal dado que puede dificultar y poner en riesgo el seguimiento y la conclusión de la solicitud de condición de refugiado que otros migrantes como Héctor llegan a enfrentar.
5.3 Redes de apoyo y resistencia
Héctor: “veinte no pudieron pasar porque fuimos para allá”
Héctor es un migrante hondureño que se dirigía con su esposa hacia los Estados Unidos donde él ya había vivido y trabajado en el rubro de la construcción donde tenía conocidos que podían ayudarle a conseguir nuevamente un empleo. Su esposa y él tenían 24 años, habían concluido la educación básica y llevaban viviendo un mes en México. La extorsión y amenazas que él y su padre recibían constantemente de grupos criminales que terminaron por quemar el taller mecánico del cual él y su padre eran propietarios, son los factores que lo obligaron a huir de Honduras. Héctor y su esposa lograron llegar al alberque en la parte central de México donde salían a “botear”; pedir dinero en los semáforos para solventar algunos de sus gastos diarios. Al igual que Carlos y Raúl, Héctor tramitaba la condición de refugiado en la ciudad de México de donde regresaba con otros compañeros que se hospedaban en el albergue:
Extracto 3: “uno tuvo que bajar y correr y otros los agarraron”
Héctor: de allá para acá nos quitaron a varia gente que venía con nosotros
Daniel: aja
Héctor: veníamos más, veníamos como unos cuarenta y tantos y nos quitaron a veinte y veinte no pudieron pasar porque fuimos para allá [oficinas de COMAR]
Daniel: Pero ¿cómo que los quitaron?
Héctor: cuando pararon el bus porque eran mucho los inmigrantes que veníamos
Daniel: ¿pararon el bus? ¿y quién paró el bus?
Héctor: migración, bueno la federal, pero venían con migración y uno tuvo que bajar y correr y otros los agarraron. Varios corrimos con niños, pero ya a los otros los agarraron y los agarraron. Nosotros, pues gracias a la población mexicana, ellos nos trajeron para acá
Daniel: aja
Héctor: ellos nos agarraron en camionetas y nos trajeron para acá en carro particular y nos trajeron para acá…
En este extracto, Héctor narra que el autobús en el que regresaban a la ciudad donde se ubica el albergue fue detenido en una intersección afuera de una de las estaciones de autobuses en la ciudad de México. Si bien Héctor no da cuenta de cómo las autoridades se enteraron de la presencia de ellos, la experiencia narrada de esta manera se entrelaza con lo relatado por Raúl y la sitúa en dos niveles interrelacionados. El primer nivel se refiere al nivel micro de la experiencia narrada por Héctor que pone en primer plano no solo la obstaculización de la movilidad de él y de quienes “no pudieron pasar” sino de la búsqueda de la regularización de su estatus migratorio. En el segundo nivel, su narrativa tiene elementos intertextuales con lo relatado por Raúl al mismo tiempo que indexa un nivel institucional que representan los agentes de migración apoyados por la policía que llevan a cabo mecanismos de vigilancia para identificar, detener y posteriormente deportar a migrantes indocumentados. No obstante, el rol de la sociedad civil que Héctor describe obtiene una relevancia social. Por un lado, el enunciado “nos trajeron en camionetas” indexa las posibilidades de movilidad con las que disponen migrantes como Héctor ante la vigilancia de las autoridades estatales. Por otro lado, indexa un medio de transporte que funciona como una estrategia de resistencia al poder estatal para que él y sus compañeros pudieran regresar al albergue. Dicho de otra manera, los mecanismos de control migratorio son desafiados por las redes que migrantes como Héctor desarrollan en momentos críticos de su realidad social en un país donde pretenden asegurar una permanencia que les permita continuar su trayecto. De esta manera, su narrativa indexa una relación dialógica entre la agencia personal y una estructura política mayor; un retén que Héctor llega a circundar pero que da cuenta de una frontera arterial que se expande a un punto nodal para la movilidad de las personas tal como una estación de autobús dentro de la cual Arturo narra otras infraestructuras institucionales que pretenden controlar la migración.
5.4 Revisión de documentos de identidad
Arturo: “adentro era que jamás nos vendían”
Arturo es de origen salvadoreño, tenía 32 años y había estado en el albergue durante dos meses. El desempleo figura como una de las principales razones por las que salió de su país de origen donde había concluido la educación primaria. En el año 2018, fue deportado a El Salvador de los Estados Unidos donde había vivido y trabajado en la construcción durante seis años y donde su esposa e hijo aún vivían. De la misma manera que Carlos, Raúl y Héctor, Arturo se encontraba solicitando su condición de refugiado. En su relato, Arturo retrospectivamente narra los cambios que él ha percibido en la manera de migrar por México.
Extracto 4: “antes podía viajar uno eh en tren o en autobús”
El camino no es, no es tan fácil. El problema es que está tan diferente que unos tiempos atrás. Antes podía viajar uno eh en tren o en autobús y no había ningún problema… si quiere ya no lo dejan montar al tren si quiere montarse en un autobús, pues lo mismo, le están pidiendo la credencial ahora. Ya de hecho también los taxistas, pues si uno quiere abordar un taxi ya dicen “no pues en tal parte más adelante están ya los retenes” y tal vez es que no lo quieren levantar y pues en el camino lo que tiene que hacer uno es pues tener que rodear…
En este extracto, Arturo señala dos aspectos interrelacionados con la manera de regular la migración en tránsito; una transformación histórica de las rutas de migración y la regulación del uso de los medios de transporte. Su frase, “le están pidiendo la credencial” indexa la política de revisión de documentos de identidad oficial tal como un pasaporte o visa que debían llevar a cabo las compañías de autobuses como mandato del gobierno federal (cfr. Proceso 2019a). Regresaré a esta discusión más adelante. Así mismo, su recuento señala mecanismos de vigilancia tales como los retenes que también mencionó Héctor. Estos se colocan en algún punto de la carretera donde se ha reportado que los agentes de migración y oficiales de policía llegan a detener otros medios de transporte como los taxis para la revisión de documentos de identidad (cfr. Paris Pombo 2017). De acuerdo con Arturo, la estrategia era “tener que rodear” que consistía en tomar otros medios de transporte urbanos tales como autobuses locales o combis por trayectos cortos antes de continuar su camino a pie por el monte para mantenerse alejado de la vigilancia de las autoridades. En este sentido, la narrativa de Arturo muestra cómo se manifiesta el poder al constreñir y redirigir sus opciones de movilidad (Fairclough 2000) en un nivel micro de la experiencia personal que está interrelacionada con estructuras políticas más amplias. Es decir, indexa los obstáculos generados por la reciente política migratoria mexicana que ha transformado el territorio en una frontera para migrantes con estatus migratorio irregular (Garrapa 2022). Conforme avanza en su descripción, Arturo se refiere a algunos desafíos que enfrentó en su trayecto hacia el albergue en la zona central de México y cómo, con la ayuda de un coyote, buscaban la manera de comprar un boleto de autobús.
Extracto 5: “no llevábamos una identificación”
Arturo: Siempre afuera de la terminal hay, hay personas que sí, que venden… entonces puede comprarlo dentro, o puede comprarlo fuera, pero ahí está donde está la diferencia. En donde lo pueden comprar adentro, en lo que hay una como caseta adentro pues donde venden está la computadora, pues ahí y a donde también los venden, solo ahí los tienen en la mano, ya solo los venden. Entonces pues nosotros comprábamos afuera porque adentro era que jamás que nos vendían.
Daniel: ¿Adentro no había posibilidad?
Arturo: No había, ¿para qué? ¿Para qué llegar si, de todas maneras, si nosotros llegábamos y luego no nos vendían? Y salíamos ya afuera, no nos querían vender. Si íbamos a llegar, era mejor de uno llegar a comprarlos afuera porque adentro, nos echaban de ver. Como no llevábamos una identificación entonces tampoco afuera nos querían vender. Sí, porque como ya se avisaban entre ellos y ya, que no nos vendieran boletos. Nosotros creemos que sí porque nosotros muchas veces así nosotros pensamos qué hacer, comprarlo adentro pero nunca pudimos. Entonces lo que hicimos fue querer comprarlo afuera y tampoco nos lo vendían o sea nos íbamos para adentro no nos lo vendían y regresábamos a comprarlo afuera y tampoco. Había que pagar taxi y rogado “si nos dan tanto pues sí” o sea no cobraban la carrera que debían de cobrar, sino que el doble…
En este extracto, Arturo señala las formas de adquirir un boleto de autobús para la población en general que “puede comprarlo adentro o “puede comprarlo afuera”. Sin embargo, estas posibilidades de compra son diferenciadas para Arturo quien, inicialmente, solo contaba con una sola opción de compra. De acuerdo con él, la imposibilidad de comprar el boleto dentro de una estación de autobuses la explica su apariencia y la del coyote que “echaban de ver” una identidad que los delataba dentro de un espacio físico y regulado. En nuestras conversaciones, Arturo explicó que su vestimenta y la mochila que llevaba con él estaban llenas de polvo y desgastadas por los caminos de terracería que tenía que recorrer. Conforme avanza en su relato, Arturo hace referencia nuevamente al documento de identidad del cual él carecía y que también le cierra la posibilidad de conseguir un boleto ya no solo dentro sino fuera de la estación de autobuses. Como lo vimos en el extracto anterior, el requisito de identidad indexa el mandato del gobierno mexicano de regular el tránsito por las estaciones de autobuses y que antecede la llegada de Arturo al albergue. En abril de 2019, el Instituto Nacional de Migración emitió un oficio dirigido a las empresas de autobuses en México para que rechazarán el acceso de las personas indocumentadas a sus vehículos de transporte; de no hacerlo así, implicaría enfrentar demandas por delitos equiparables al tráfico de personas, los cuales eran castigables con penas de mil a diez mil días de multa o hasta 16 años de cárcel (Proceso 2019b). Dicho documento responde a la amenaza del gobierno estadunidense de imponer un arancel de 5 % a los productos mexicanos y que se incrementaría mensualmente si el gobierno mexicano no detenía los flujos de migración en el año 2019 (Hernández López 2021). Por lo tanto, un interés económico sugiere la transformación de los espacios sociales tales como una estación de autobús a un nivel transnacional que así expande una frontera arterial.
Si bien el fragmento de la historia de Arturo arroja luz sobre la manera en que su migración pudo llegar a ser más costosa o redireccionada, también indexa el papel de un actor social importante. El recuento de Arturo construye la figura de un coyote como un acompañante con quien enfrenta, navega y circunda una infraestructura de control. A diferencia de muchas mujeres que viajan solas cuyas historias con diferentes actores señalan experiencias de violencia de género y de situaciones amenazantes (cfr. Rigo 2017; Torre Cantalapiedra 2021), Arturo se refería al coyote de manera agradecida al decir que “de no haber sido por él, me hubiera perdido por tanto rodear”. Es decir, la capacidad de encontrar vías alternas se entrelaza tanto con el género como con la presencia de un actor social que no suponía completamente una amenaza, sino un guía para superar los mecanismos de control que simbólicamente construye el estado para constreñir la migración.
6 Conclusión
Las experiencias que reconstruyen los participantes nos acercan a cómo dan cuenta de su realidad social. El temor a la posibilidad de ser detenidos, deportados, los encuentros con autoridades estatales, así como el enfrentarse a una política de revisión de identidad figuran como temas centrales de sus narrativas que, por un lado, nos permiten comprender la manera en que sus trayectorias son reguladas. Por otro lado, sus narrativas revelan decisiones y sentidos de agencia del individuo al señalar sus estrategias de movilidad. Además, sus narrativas ofrecen caracterizaciones de actores sociales en un momento concreto de sus vidas. Es decir, las narrativas de los participantes se encuentran en una relación dialógica con las estructuras políticas que contextualizan la construcción del significado social de su producción al mismo tiempo que explican sus acciones. En este sentido, sus historias indexan la expansión de las fronteras arteriales; mecanismos de vigilancia que no se limitan a las calles (París Pombo 2017; Vogt 2019) sino que pueden encontrarse dentro de una estación de autobuses. En este último, llama la atención el rol de las compañías de autobuses, las cuales llegaron a firmar acuerdos para informar a las autoridades estatales sobre la presencia de migrantes indocumentados (cfr. Ramos 2021). Por lo tanto, las narrativas que reconstruyen los participantes de este estudio ponen de relieve la experiencia personal como una epistemología social que trasciende el nivel micro de su producción al señalar la manera en que ellos navegan e interactúan con las estructuras locales.
En vista de lo anterior, la narrativa que producen los participantes sobre los obstáculos que experimentan se sitúa en un momento histórico y un nivel político mucho más amplio. La manera transnacional en que los gobiernos controlan la movilidad de las personas migrantes dentro de un territorio como el mexicano pone de relieve una lógica económica que se manifiesta en la protección de acuerdos comerciales internacionales. Estos últimos pueden tener implicaciones y consecuencias distintas para diferentes grupos sociales y migrantes tales como Carlos, Raúl, Héctor y Arturo cuyas historias señalan no solo la amenaza de la deportación sino la interrupción de los trámites de regularización migratoria que ellos buscan como una estrategia que les permita continuar su camino hacia los Estados Unidos.
Si bien las políticas migratorias han sido históricamente selectivas en distintos países (Yankelevich 2015; de Haas et al. 2020) y en muchas ocasiones han contribuido a redireccionar la movilidad humana, (París Pombo 2017; Hernández López y Vargas 2022), es necesario enfatizar la agencia de las personas. Sus trayectorias, estrategias de resistencia, así como las redes mismas que desarrollan, reconfiguran los espacios que llegan a habitar. Por lo tanto, poner atención a sus narrativas nos invita a escudriñar las estructuras sociopolíticas que sus prácticas han transformado históricamente.
Apéndice
Convenciones de transcripción (adaptadas de Jefferson 1984).
| ¿? | pregunta; |
| [palabra] | palabra insertada por entrevistador; |
| ¡! | interjección/exclamación; |
| , | pausa breve; |
| . | pausa larga; |
| … | edición/omisión de texto; |
| “texto” | palabras textuales en estilo directo. |
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